miércoles, 6 de enero de 2016

Señor

Niño Dios

Reino celestial



¡Hola! de entrada concédeme el privilegio de tratarte al modo espontáneo, quiero decir, sin complicaciones protocolarias muy propias del orden burocrático y clasista que los hombres se han inventado supuestamente para acceder a tu dignidad y, con los cuales se excluyen entre ellos mismos.


Pasada la resaca de las fiestas de navidad y fin de año, he resuelto escribirte después de pasado un poco más de medio siglo de aquella última carta que te envié cuando era apenas un pequeñín. ¿Será posible que con tus poderes sobrenaturales lo hayas olvidado?


A diferencia de la criatura de aquellas calendas, quien hoy te escribe tiene por perspectiva la proximidad del final inevitable, como nunca antes, por fortuna de ocurrencia incierta aún, concomitante a lo cual se viene operando un descenso en los niveles de la fuente de los deseos y un agotamiento de los yacimientos de la onírica que, trae consigo la pérdida muscular de cierto tipo de imaginación y el advenimiento de un mañana hibernado.


Debo decir que en este brevísimo paseo que ha sido mi vida, he alcanzado a intuir lo fácil que resulta para el común de la humanidad, admitir por vía de la fe, toda la parafernalia que de manera anónima el hombre ha ideada en torno a tu eventual mundo primigenio e intemporal; esplendoroso, en contraste con las carencias del orbe terrenal. Una fiesta aquella, de la imaginación y la palabra; de la que se salva por sí misma, lo que es propiamente poesía. Siendo justamente la fuerza de su belleza, lo que hace creíble el conjunto de dicha inventiva.


Esta observación no hace sino legitimar lo disímil del pensamiento humano, en tanto que sujetos siempre conminados a ser libres.


Sin menoscabo de dicha aseveración, y sintiéndome cohabitante del universo de lo posible que sólo debe excluir la reactividad fanática, acre solemnización de una actitud alérgica al humor y la ficción sin fronteras, aprovecho la presente, que es concesión de tu inmensa bondad, para compartir con vos, perplejidades e inquietudes. Y contemplar de tu parte si algo de esto pudieras considerarlo susceptible de trocar en resolución volitiva que trasformen onerosas realidades como la farsa que los mercaderes de todas las raleas afirman y renuevan para regocijo de su ego.


¿Qué luz nos pudieras arrojar para que quienes vivimos de este lado, veamos compatibilidad entre lo que piensan quienes te conciben “príncipe de la justicia e inspiración de los buenos corazones”y la acción de esos mismos seres, que no dejan de invocarte postrados de rodillas, para el éxito de sus crímenes y sus desafueros contra el prójimo?


¿Qué hacer y cómo proceder para que tu poder logre vencer los prejuicios políticos y la soberbia de quienes tras sus “razones” esconden pequeños intereses con los que legitiman la continuación del odio y la guerra fratricida?


¿Por qué no actualizas tus juicios -justos-, y tus castigos (disuasivos), de tal manera que aquellos no sean letra muerta de un fin del mundo que corre indefinidamente el tiempo de su ejecución?


Finalmente, ¿no es posible que tu nombre y el juramento de éste (en vano), sea intervenido por tu soberana voluntad, sustrayéndolo de ese submundo prostituido y sórdido, resurgiendo íntegro y univoco para trasparencia de la comunicación y la convivencia entre las mujeres y hombres en la tierra?


¿Será posible que la exacerbación de los sentimientos religiosos, presididos por obesos intereses económicos en pugna en este mundo global, nos conduzca al infierno de una tercera conflagración planetaria? Y, ¿cuál entonces el destino o suerte de nuestra condición racional, motivo del mayor orgullo de la especie?


Y como para rajarte!: ¿Podrás hacer algo de milagro, multiplicando el poder adquisitivo del salario mínimo de la clase obrera colombiana?

Algo de niño soy todavía. Y esto, un sueño en vigilia proyectado secretamente a través de la escritura!

Ramiro del Cristo Medina Pérez

Desde Santiago de Tolú, Sucre. Colombia.  Enero 7 - 2016

4 comentarios:

  1. El niño Dios va a escuchar todos los deseos, pero siempre dando inteligencia y razones para cuando se vaya a impartir la justicia. Sabemos que los que juraron su santo nombre en vano, harán todo lo posible para cumplir esas promesas y no se conviertan en sueños, que al despertarnos nos encontremos con realidades peores con las que hemos convivido ( Inseguridad, Injusticia, corrupción, zancadillas, cizaña, Poder enfermizo,. Ese niño que pide a gritos un mejor bienestar se llama Colombia y Santiago de tolú .
    Por otro lado para no apartar la educación allí, también el niño Dios brillará con equidad.

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